El Viento corre sin permiso, sin prejuicios. Poco a poco forma una Muñeca de arena
suave y delicada como él. Es una perfecta melodía compuesta por las mejores
notas, las más dulces, cambiantes y decididas. Cada parte de su cuerpo baila su
música. Su corazón decide por lo que ama, ella ama por lo que siente.
suave y delicada como él. Es una perfecta melodía compuesta por las mejores
notas, las más dulces, cambiantes y decididas. Cada parte de su cuerpo baila su
música. Su corazón decide por lo que ama, ella ama por lo que siente.
Quiere decir algo pero su creador se lleva las palabras; no puede hacerlo aún y guarda
sus sentimientos, esconde lo bello, lo más grande que tiene dentro.
sus sentimientos, esconde lo bello, lo más grande que tiene dentro.
El mar envidia su pureza, la tormenta, su tranquilidad, la noche, su luz y ella
solo envidia al viento que anda sin rodeos.
solo envidia al viento que anda sin rodeos.
Se esconde del miedo y escapa de sus sentidos. No quiere ver l que ocurre, no
quiere oír lo dicho, no quiere probar la realidad, no quiere tocar lo frío y no
quiere sentir el olor del vacío.
quiere oír lo dicho, no quiere probar la realidad, no quiere tocar lo frío y no
quiere sentir el olor del vacío.
Sus emociones recobran vida. El sonido que recorre sus labios intenta demostrar
cuan hermoso es sentir amor y dolor, cuantas aventuras quedan aún por
descubrir.
cuan hermoso es sentir amor y dolor, cuantas aventuras quedan aún por
descubrir.
Conoció al Cielo. Alguien que despierta su alegría. Él le demuestra lo importante de
estar siempre presente, lo importante de estar ahí cuando ella eleva su cabeza.
Porque el tiempo corre y no regresa. Porque las olas rompen y no existen más.
Porque la luna ilumina la oscuridad pero no presencia el día. Porque las nubes
van y vienen y la lluvia de vez en cuando. Ella espera. Pero el que nunca está
ausente es su Cielo. El que la protege y esconde constelaciones de ternura que
resaltan para guiarla.
estar siempre presente, lo importante de estar ahí cuando ella eleva su cabeza.
Porque el tiempo corre y no regresa. Porque las olas rompen y no existen más.
Porque la luna ilumina la oscuridad pero no presencia el día. Porque las nubes
van y vienen y la lluvia de vez en cuando. Ella espera. Pero el que nunca está
ausente es su Cielo. El que la protege y esconde constelaciones de ternura que
resaltan para guiarla.
Cayó una lágrima y parte de su delicada cara de arena se desarmó, pero una vez más
el Viento curó la herida, se la llevó.
el Viento curó la herida, se la llevó.
Su deseo de vivir es más fuerte que su propia existencia. Si deseara morir sería
de un soplido, antes sabiendo lo hermoso que es ser víctima de un sexo
exagerado, de sentir lo que es no estar por segundos, de descubrir un nuevo
mundo y volver para repetirlo una y otra vez, encontrándose al lado de quién la
llevó a tan grande fantasía. De recorrer paso a paso la sensación de cada
caricia y unirse en un colchón para reencontrar lo mismos sueños y deseos. Un
colchón que queda chico para tanta pasión y que hace sentir la libertad después
de conocer el universo.
de un soplido, antes sabiendo lo hermoso que es ser víctima de un sexo
exagerado, de sentir lo que es no estar por segundos, de descubrir un nuevo
mundo y volver para repetirlo una y otra vez, encontrándose al lado de quién la
llevó a tan grande fantasía. De recorrer paso a paso la sensación de cada
caricia y unirse en un colchón para reencontrar lo mismos sueños y deseos. Un
colchón que queda chico para tanta pasión y que hace sentir la libertad después
de conocer el universo.
Comenzaba a crecer y no podía comprender lo que le pasaba; se sentía la protagonista de
su propia historia. La pena comenzaba a alejarse lentamente y su alma hablaba
abrazándola. A cada paso que daba descubría la felicidad, y en su caja de
cristal, iba encontrando puertas que despertaban a su madurez.
su propia historia. La pena comenzaba a alejarse lentamente y su alma hablaba
abrazándola. A cada paso que daba descubría la felicidad, y en su caja de
cristal, iba encontrando puertas que despertaban a su madurez.
Sentada en su espacio miraba hacia arriba. El Cielo le enviaba luceros que advertían un
milagro. Le transmitía tranquilidad, algo difícil de encontrar; soltaba
carcajadas que endulzaban los oídos de la joven. Un baile que terminaba en un
arco-iris empapaban sus ojos de lágrimas y él, celeste y transparente, le
contaba fantasías sobre sus gnomos, canciones cantadas en su mes preferido,
Abril, y una aventura en un viaje con anhelos y sueños eternos. La Muñeca de
arena seguía aprendiendo.
milagro. Le transmitía tranquilidad, algo difícil de encontrar; soltaba
carcajadas que endulzaban los oídos de la joven. Un baile que terminaba en un
arco-iris empapaban sus ojos de lágrimas y él, celeste y transparente, le
contaba fantasías sobre sus gnomos, canciones cantadas en su mes preferido,
Abril, y una aventura en un viaje con anhelos y sueños eternos. La Muñeca de
arena seguía aprendiendo.
Las estrellas la ayudaban a descubrir su destino lleno de confusiones y decisiones,
alegrías y tristezas.
alegrías y tristezas.
Los años pasaron y con ellos el Viento la esfumaba…
Sus sentidos se desvanecían y su piel se empalidecía; y las olas se la llevaron
hasta lo más profundo, habiendo admirado el valor de aquella Muñeca de arena de
poder sentir, soñar y gritar con su mirada. De vivir la vida gracias al Viento
y siempre acompañada de las Constelaciones más preciosas y el Cielo más
perfecto.
hasta lo más profundo, habiendo admirado el valor de aquella Muñeca de arena de
poder sentir, soñar y gritar con su mirada. De vivir la vida gracias al Viento
y siempre acompañada de las Constelaciones más preciosas y el Cielo más
perfecto.
LUCIANA COLLADO